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Avalaaaanchaaaaa... de juguetes!

En los últimos años, y especialmente en los países más desarrollados, (en teoría),  hay una imagen que se repite cada Navidad: niños con decenas de regalos bajo el árbol, que van abriéndolos de forma compulsiva y dejándolos apartados para pasar al siguiente lo más rápido posible. Y digo desarrollados en teoría, porque no demostramos mucho progreso ni inteligencia si pensamos que vamos por buen camino. Si estas Navidades habéis presenciado a vuestr@ hijo, sobrin@ o niet@ rasgar el papel de regalo desaforado mientras lanza el regalo y a otra cosa mariposa... deberíamos reflexionar sobre el asunto en cuestión ¿Que queremos enseñar a nuestr@s hij@s? ¿Qué estamos haciendo?

 

Ni nueve, ni diez ni once. Cua-tro. Cuatro es la cantidad de regalos que recomiendan los expertos para los niños en Navidad. 

Ya me imagino vuestra cara pensando que es un objetivo casi imposible. Toda la familia compite por hacer al niño feliz, e incluye sus deseos en su carta personal a los Reyes Magos o a Papá Noel. Al final, los niños se juntan con el regalo que encargó su tía, el que encargó su tío, el que pidieron sus padres, el que pidieron sus abuelos... los que apuntaron ellos en su carta... Y resulta que reciben tantos juguetes, que no les da tiempo nio de jugar con ellos. La solución para evitar esta avalancha de juguetes es la que llaman LA REGLA DE LOS CUATRO REGALOS DE NAVIDAD.

¿En qué consiste? Es sencillo. Hay que pedir a los Reyes o Papá Noel sólo cuatro cosas, que deben cumplir los siguientes requisitos:

1. Un regalo que sirva para llevar (unas zapatillas molonas o esa gorra tan chula...).

2. Un regalo para leer. (ese libro especial con el que seguro disfrutará y aprenderá)

3. Un regalo que realmente deseen. (el primero de su carta que os podáis permitir, claro)

4. Un regalo que realmente necesiten. (la mochila para el cole)

 

Desde luego, se trata de un auténtico reto cuando se trata de niños. Porque ellos, por supuesto, sienten un enorme deseo por tenerlo todo y de inmediato. Todos aveces sucumbimos a ese deseo...pero ¿¿¿verdad que en la vida real no suele suceder??? Pues señores padres, tíos o abuelos...hay que enseñárselo a ellos. Deben aprender a no tenerlo todo, para educar a personas generosas, humildes y no por ello menos ambiciosas, y no acabar convirtiendo a nuestros peques en unos caprichosos tiranos que siempre creen tener derecho a conseguir lo que quieren.

 

Pensad si realmente disfrutan cada vez que reciben una montaña de juguetes ¿Realmente valoran cada regalo? La respuesta es un No grande cómo una casa. Cuanto más reciben, más vacíos se sienten, porque no son capaces de 'digerir' tal empacho.

Los niños reciben más juguetes en Navidad de los que necesitan. ¿Y no ocurre que a pesar de tener montones de juguetes guardados, al final terminan jugando con los mismos siempre? 

La razón es que poco a poco, ante tanto juguete, los niños pierden la ilusión.Y llegará un día que no sabrá ni que escribir en su carta. Intentemos que nunca llegue ese día. 

Porque la Navidad significa mucho más que regalar juguetes. Aprendamos de nuestros hijos, miremos a través de sus ojos las luces, los villancicos, las vacaciones, pasar tiempo en familia, reuniones y fiestas en las que disfrutar todos juntos, los dulces, las risas, ser solidario con los que menos tienen... podemos enseñar y compartir tantas cosas en Navidad con nuestros pequeños...y tienen mucho más valor que el dinero que gastemos en juguetes. 

Así que ya sabéis... apuntad este propósito para este año que empieza.

 

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